lunes, 10 de abril de 2017

DESMITIFICANDO EL SSC

   Sin duda uno de los lemas más conocidos y difundidos en el BDSM es el famoso SSC, esgrimido como solución a cualquier pregunta y problema que se tercie. ¡No existe debate imaginable donde no se acabe nombrando! No es mi intención hablar en contra de este protocolo de actuación, ¡los Dioses del BDSM me libren! Pero si me gustaría abrir una reflexión sobre su significado y uso.

   Para comenzar, suele dar una buena perspectiva del término conocer su origen. Es un hecho que muchos lo utilizan ignorando su procedencia e historia y, sin ello, difícilmente se puede comprender su evolución y significado. El maravilloso (por su sencillez y humildad) artículo de Stein ""Safe Sane Consensual" The making of a Shibboleth", del que hablé aquí lo explica de un modo ameno e instructivo. Fue de gran utilidad en el momento de su planteamiento, en el que la situación era muy distinta de la actual. Con esto no quiero decir que hoy no lo sea, de hecho me parece el modo de actuación más adecuado para aquellas personas que comienzan a adentrarse en estas prácticas. Tan adecuado me parece que, en realidad, lo considero redundante.

   Se esgrime el SSC como alguna suerte de prerrogativa exclusiva del BDSM que define su esencia cuando, si lo pensamos fríamente, es (o debería ser) la tónica definitoria de casi cualquier comportamiento en la mayoría de contextos. El SSC no es ningún mantra místico, ninguna creación divina con la que bendecir el BDSM. Si observamos la vida diaria, un gran porcentaje de nuestros actos se rigen por esas premisas. Pongamos por ejemplo la circulación del tráfico. Se ha llegado a un consenso en cuanto a las normas a seguir, de modo que tanto conductores como peatones las conozcan y las sigan, permitiendo así la alternancia de paso de unos y otros. Todos debería seguirlas de un modo seguro y con sensatez (a nadie en plena posesión se sus facultades se le ocurre circular con los ojos vendados). Esto es solo un ejemplo ilustrativos. Algunos con ganas de buscarle las vueltas podrán decir "a mí nadie me preguntó para establecer las normas de tráfico, no consensuaron conmigo". Bueno, a buen entendedor pocas palabras bastan. Para mí resulta obvio que la aplicación de la consigna "sensato, seguro y consensuado" es algo tan habitual en el día a día que, tener que especificar que el BDSM se rige por ella es redundante. Y sin embargo, se repite una y otra vez como si fueran palabras mágicas, aunque cada cual les de un significado distinto. Pero, ¿qué significa realmente? Para definirlo correctamente la única posibilidad es acudir a la fuente original.

   "La fórmula "safe, sane and consensual" se presentó como un estándar mínimo para un SM éticamente defendible" (1) Para mí este es el quid de la cuestión, es un "estándar ético mínimo"; como tal, es algo que está presente (o debería) en cualquier acto lícito, por tanto deberíamos asumirlo sin necesidad de especificarlo. El SSC son las características que rigen (o debería) cualquier acción, BDSM o vainilla, de nuestro comportamiento diario. Por tanto, aunque una relación se rija por el metaconsenso, o el RACK o cualquier otra sigla nueva o propia, el SSC siempre estará ahí. Al menos entendiendo sus siglas desde el significado original con el que fueron formuladas. ¿Y cual es este significado?

+ "SEGURO"; hacer todo el trabajo previo y tomar todas las precauciones posibles y razonables. "Nunca pretendimos un G-rated (2) SM  o convertir la escena leather en un corralito libre de riesgos donde el dolor realmente no duele, las ataduras no son realmente restrictivas y la dominación es ordenar hacer lo que tu quieres hacer de todos modos"(3)
+ "SENSATO"; capacidad de distinguir fantasía de realidad.
+"CONSENSUADO"; que las partes involucradas estén de acuerdo, ¿cómo se ponen de acuerdo? eso no lo definieron cuando se estableció el acrónimo, se dejó deliberadamente vago. "No discutimos, en aquel entonces, si el consentimiento era algo que dabas una vez para siempre o si debía ser renovado constantemente" (4)

En definitiva, el SSC no es misticismo, no es panacea, no es mampara donde escondernos, no es prerrogativa exclusiva del BDSM; es algo común de nuestro día a día, que aplicamos de modo habitual e inconsciente a casi cada acto cotidiano que realizamos.

2- G-Rated, "general admission", calificación que se usa habitualmente en cine, música, etc, para indicar que es apropiado para todas las edades.
1,3,4 - Stein, D. ““Safe Sane Consensual” The making of a Shibboleth”. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de Marzo, MI PLACER

No me gustan demasiado según qué tipos de conmemoraciones; entiendo que si es necesario establecer un día para dar visibilidad a unos derechos (que deberían ser) fundamentales es porque éstos no son una realidad. Así que más bien es un día de vergüenza que de celebración. En cualquier caso hoy, ocho de marzo, incapaz de eludir el bombardeo de poéticos mensajes cantando las alabanzas a mi género, he dedicado (una vez más) un rato a reflexionar sobre el papel de la sumisa en el BDSM.

  Hace un tiempo que doy vueltas a la tan usada máxima de que el placer de la sumisa es el placer del Amo. Personalmente creo que es una de las premisas más envenenadas que pueden encontrarse en el BDSM. Un modo burdo de manipulación y de infravalorización, según sea entendida y utilizada. La mayoría  (siempre es osado hablar de absolutos) de las sumisas podemos encontrar placentero hacer feliz al Amo y lograr su disfrute por supuesto pero... ¿cuántas estarían ahí si todo se limitara a eso? No tengo vocación de mártir. No aspiro a una vida de heroico sacrificio y sufrimiento desinteresado. A veces las circunstancias del destino llevan a ello pero, a priori, no es ni de lejos lo que deseo. Busco la felicidad, busco mi placer. Por eso me expreso mediante la sumisión, porque me reporta placer. A mí. Servir me satisface a mí . Sentir dolor me satisface a mí. Estar atada es sublime para mí. Incluso ciertas prácticas que no disfruto a nivel físico me reportan otro tipo de placer psicológico. Si todo eso colmara de placer al Amo y a mí no, si no obtuviera placer, si no disfrutara con él... sería el momento de cambiar. Aunque voluntariamente asimétricas en ciertos aspectos, estas son relaciones simbióticas. Ningún Amo me debe nada, ni yo le debo nada a ellos. Soy una mujer adulta, conocedora de mi sexualidad. El Amo no me hace ningún favor, ni yo a él; nos complementamos al andar un camino que va en la misma dirección, cada uno por su carril, encajando como un puzzle. Ambos ofrecemos, ambos tomamos. Cuand sólo se toma, el contenedor tarde o temprano se vacía.

   El BDSM no es machismo, pero hay machismo en el BDSM porque todos llegamos con nuestras muchas virtudes y defectos y hay pensamientos, usos y costumbres tan arraigados que ni se plantean que sean sexistas. El ejemplo más claro es la condescendencia disfrazada de falsa amabilidad con la que muchos tratan a las sumisas: explicaciones de parvulario; calificativos infantiles (pequeña, niña, cielo...); asumir que por su rol sus conocimientos son menores... y un largo etc. Recuerdo una ocasión,  hace años, en la que un Dom, de esos "reconocidos", en un debate utilizó conmigo el fundamentadísimo argumento de que "no iba a discutir con una sumisa".

   Soy mujer, vainilla, ama de casa, pseudo, hereje, sumisa, trabajadora, kajira, pareja, amiga... todo ello para mi placer y el de las personas a las que quiero. Orgullosa y feliz de serlo, pero sin sentirme ni mejor ni especial por ello. Soy lo que soy, sin más. Sin altivez ni sin pedir disculpas.

   No voy a felicitar a nadie este día. Todo lo contrario. Es un recordatorio de lo mucho que queda por hacer aún, incluso en un contexto aparentemente abierto y tolerante como el BDSM. Mi deseo para el día de hoy es que pronto no sea necesario celebrarlo.

martes, 31 de enero de 2017

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Con el nuevo año suele llegar un período de balance y reflexión. Me he tomado un mes para meditar sobre "lo humano y lo divino" de la sumisión, un tiempo durante el cual he dedicado más tiempo a leer que a participar y, tras analizar las ideas mayoritarias que tiranizan las redes (léase bien, "las redes", porque el "cara a cara" es otra historia), he concluído que soy la antítesis del estándar de "sumisa de bien".

 Para empezar no necesito un Amo. Entendiendo como necesidad ese sentimiento imperioso de urgencia, ese sentirse "huérfano y perdido". Soy perfectamente capaz de dirigir mi vida sin la guía de un Dominante. Pero, ¡qué le vamos a hacer! Me gusta más dejarla en sus manos.

   Soy sumisa porque los sentimientos y vivencias de sumisión me producen placer. Sí, a mí. Qué quieren que les diga, una no tiene vocación de mártir sin causa. Cada vez que leo aquello de que a la sumisa sólo debe importarle el placer del Amo me siento como una hereje en tierra de creyentes (a pesar de tener serias dudas sobre la veracidad de esas afirmaciones en el día a día). Me importa la felicidad y el placer de mi Amo porque es alguien a quien respeto y admiro, porque verle feliz me da paz. Pero no me auto engaño. Por mucho que él disfrutara de mí, si yo me sintiera insatisfecha, frustrada o infeliz, sería tiempo de tomar cada uno nuestro camino. Porque no entré en esta dinámica para amargarme la vida. Y eso que hago muchas cosas en nombre de la sumisión que no me gustan o no me apetecen (nunca entenderé la ¿sumisión? de "hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero" pero, eso sí, manda el Amo) pero siempre es en aras de un objetivo final satisfactorio para mí a corto, medio o largo plazo.

   Veo el BDSM como un camino empedrado que requiere constancia y dedicación. No comparto la idea del misticismo, del mundo "maravilloso" de color de rosa ajeno a lo mundano. El BDSM a mi en ocasiones me cuesta. Requiere ajustes para encajarlo con la rutina diaria. Hay equivocaciones, hay malas personas, momentos terribles... en definitiva, es la vida, tal cual.

   Soy vainilla. Cuando descubrí hace poco más de una década el BDSM no me sometieron a ninguna modificación genética. Sigo siendo la misma persona, con las experiencias vividas estos años. Jamás me he considerado superior ni especial por practicar BDSM. No me siento un ser a parte. Soy una persona vainilla y sumisa. Sigo igual, con mi familia, mis pocos (como debe ser) y auténticos amigos, mi trabajo, mis hobbies, mis hábitos "mundanos". El "mundo vainilla" no ha quedado atrás en otra dimensión, es donde vivo mi día a día. He amado, sufrido y creado vínculos con la misma intensidad dentro del BDSM que fuera de él y es que para mí eso depende de las personas, no de las prácticas.

   Soy intolerante. No me sirve el "todo vale". Tengo unos valores y principios por los que me rijo. Son, como suele decirse, personales e intransferibles; marcan mi hoja de ruta, lo que soy. Y ellos marcan que no tolero a quien daña a otros intencionadamente; quien amparado en el BDSM abusa sexualmente de animales; quien utiliza a la familia, incluso a menores, para hacer daño por rencillas personales; quienes no respetan la privacidad y airean trapos sucios; quienes conocen, justifican y/o toleran estos hechos... No, para mí no "todo vale", ni mucho menos...

   No soy 100% sincera. Si lo soy con contadísimas personas, con aquellas que se puede, pero lo cierto es que la mayoría no quiere la verdad. No soy 100% sincera pero eso no significa que mienta, significa que muchas veces me guardo lo que pienso porque si lo dijera provocaría un daño gratuito e innecesario. A veces imagino lo liberador que sería poder expresarse con entera libertad pero no estamos preparados para un ejercicio semejante.

   No me intimidan los gurús. Hay demasiados en posesión de muchas verdades y muy pocos argumentos que las sustentan. Yo verdades tengo pocas, todo es muy relativo. Tengo mis creencias y reflexiones. A menos que se traten de hechos objetivos cualquier cosa es susceptible de debate. Nunca me ha valido como argumento "lo dice tal persona" ya que  todos somos falibles.

   En definitiva, que soy un desastre según los cánones establecidos a saber por quién. Suerte que tengo bastante poco interés en seguirlos.

martes, 13 de diciembre de 2016

EL MITO DE LOS CINTURONES DE CASTIDAD

   Una de las prácticas que aunque parezca contradictorio reporta gran excitación y placer dentro del BDSM es la castidad "forzada". Entrecomillo forzada porque, aunque a estas alturas no debería ser necesario, aclaro que todas las prácticas se realizan siempre con el consentimiento implícito o explícito de los implicados. Ceder la potestad de decidir sobre nuestra satisfacción sexual a otra persona tiene la facultad de ser a la vez liberador y excitante.
   Es muy habitual, sobre todo en sumisos, ver el uso de dispositivos de castidad, siendo un fetiche de lo más extendido. En sumisas su uso es menor, aunque también existen y dan mucho juego. Pero, ¿de dónde proviene su uso? En el imaginario popular impera la idea de que los cinturones de castidad son herencia de la Edad Media pero, ¿es eso cierto? Como muchos mitos, la realidad no suele corresponderse con las leyendas.

   La Edad Media es vista como una época de oscurantismo y barbarie, pero los historiadores nos muestran un escenario bastante alejado de esta visión. La extendida idea de que los maridos colocaban un cinturón de castidad a sus esposas antes de marcharse a la guerra para así asegurar su fidelidad es falsa y carente de toda lógica. No existen testimonios medievales sobre ellos. Los autores más importantes de la época no los mencionan. Ni en el Decameron de Boccacio, ni en los escritos de Rabelais o Bardello, ni en los Cuentos de Canterbury de Chaucer. En toda la sátira erótica de la época no hay ni una referencia a tales artilugios. Albrecht Classen, experto en historia medieval, escribió en 2007 el libro "The Medieval Chastity Belt: A Myth-making Process", convirtiéndose en la máxima autoridad sobre la materia. Afirma que "no hay ninguna evidencia que indique que existieron o se confeccionaron ese tipo de objetos en la Edad Media. La primera vez que se habla de ellos es en un libro de 1405, escrito por Konrad Keyeser, titulado Bellifortis, y que trata sobre máquinas de guerra. Es una obra muy técnica y ardua y se cree que el autor quiso amenizar un poco la lectura introduciendo una broma sobre un aparato que protegería la honra de los maridos cuando estaban en la batalla, lejos de sus mujeres. El cinturón de castidad pronto se convirtió en un mito del que se hablaba y se hacían numerosos chistes y sátiras para burlarse de los hombres impotentes o mayores que no podían controlar a sus esposas, que iban en busca de parejas más activas sexualmente." Respecto a los cinturones que podemos ver en museos nos cuenta que "los primeros cinturones reales se fabricaron en el siglo XIX y era costumbre que formaran parte de museos de tortura, en los que se mostraba la crueldad y el oscurantismo de épocas pasadas". De hecho, el British Museum, en Londres, exhibía uno de estos artilugios desde 1846, atribuido a la Edad Media, pero lo retiró tras comprobarse que su antigüedad era falsa. Se especula que su uso, de ser cierto, se limitaría a momentos puntualísimos, como pernoctaciones en posadas o viajes cortos; y aún esto es muy dudoso.

   ¿De dónde proviene entonces el mito? Si existen textos medievales que pudieran ser el origen, entre ellos, los poemas de Maria de Francia, "Los Lais", del siglo XII, donde ensalzan los conceptos de la fidelidad y la castidad y se narra como dos amantes, al despedirse porque él parte hacia las cruzadas, se juran fidelidad mediante un gesto, la creación de un cinturón hecho de una hebilla y una prenda realizada a base de nudos, que simboliza la lealtad entre los amantes. Es un gesto meramente simbólico. No es un artilugio de metal que se se cierre sobre los genitales de la mujer; pero posiblemente de aquí surgió el mito. La Iglesia consideraba que en los riñones se encontraba el origen de la semilla sexual por lo que recomendaba, también a los hombres, dormir con un cinturón para controlar las tentaciones nocturnas.

   Según los historiadores, es en el Renacimiento, especialmente con la creación de la imprenta y como medio de desmarcarse del oscurantismo de la Edad Media, cuando surgen de modo satírico, las imágenes de mujeres portando el cinturón de castidad. El mito se consolidó durante la Ilustración, remarcando aún más su elevada cultura en contraste contra la "barbarie" de esa época. Una vez consolidado el mito, empezaron a crearse los primeros artilugios, vendidos como falsificaciones del medievo, hasta que las técnicas de datación modernas los han ido descartando. En la época Victoriana, con la represión sexual, se fabricaron algunos pequeños y ligeros, usados como pruebas del amor romántico que imperaba en la época. Atribuir estos artilugios a una época oscura y bárbara era una excusa para poder hablar de un tema tabú que atraía a todos pero que estaba "mal visto" en una sociedad puritana.

   Dejando de lado las evidencias históricas y referencias bibliográficas sobre su existencia, la lógica también nos indica que su uso era imposible, a menos que la finalidad de estos caballeros al regresar de la guerra fuera enviudar, en lugar de asegurar la castidad de sus esposas. El materia con el que se contaba en la época causaría heridas y llagas por rozamiento, que se infectarían y llevarían a una septicemia, causando la muerte al no poder tratarse adecuadamente. Por no hablar de la imposibilidad de mantener una correcta higiene con semejante artilugio colocado durante meses. Pensemos que hoy día una simple compresa o tampón, que están especialmente diseñados para esa zona, pueden ser muy irritantes al cabo de las horas, ¿de verdad alguien cree que se puede mantener un cinturón de esas características durante meses sin perjuicio para la salud, pasando por los ciclos menstruales, por las necesidades fisiológicas y sin la debida higiene? Carece de la más mínima lógica.

   Hoy día los materiales y usos dados para los cinturones de castidad son totalmente diferentes. Los diseños son anatómicos, están pensados para el disfrute y el placer (sí, aunque sea negándolo) y con materiales que garanticen la salud. Pero no está de más conocer de dónde provenían y qué hay de verdad en el mito. Espero que lo hayan disfrutado.

Bibliografia:Albrecht Classen, The Medieval Chastity Belt: A Myth-Making Process, New York, Palgrave Macmillan, 2007;

Régine Pernoud, La femme au temps des croisades, Parigi, Librairie generale francaise, 1992;

James A. Brundage, Law, Sex, and Christian Society in Medieval Europe, University of Chicago Press, 2009;

Umberto Franzoi, L’armeria del Palazzo ducale a Venezia, Treviso, Canova, 1990


http://www.abc.es/20120220/sociedad/abci-gran-mentira-cinturones-castidad-201202201403.html
http://smoda.elpais.com/placeres/la-verdadera-historia-del-cinturon-de-castidad/
http://historsex.blogspot.com.es/2015/05/cinturones-de-castidad.html





viernes, 9 de diciembre de 2016

DE PORTALES INTERDIMENSIONALES

   Tras leer y analizar cientos de comentarios he descubierto que el paso del mundo "vainilla" al BDSM se realiza a través de algún tipo de portal interdimensional. Así, tal y como lo oyen. Puede que no sean conscientes de ello pero no cabe otra explicación posible. Además suceden cosas extrañas al atravesarlo y las propiedades particulares del umbral alteran las funciones neuronales en función del rol adoptado. Es muy curioso.

   En los sumisos tiene un efecto de "reseteado". Se olvida gran parte del sentido común y del modo en que han venido desenvolviéndose en la vida hasta ese momento. De repente ya no saben cómo actuar si no tienen una guía. Situaciones comunes y frecuentes de la vida diaria resultan difíciles de afrontar en su equivalente BDSM. No importa que llevaras años sabiendo qué hacer si te mentían y traicionaban, si te dejaban, si algo no te gustaba... No importa que antes estuvieras más que capacitado para tomar decisiones, para buscar información sobre las cosas que desconocías, para defenderte, para opinar... al cruzar el portal todo eso desaparece y ya no sabrás hacerlo. Habrás perdido todas tus facultades previas. Al asumir tu rol sumiso todas tus habilidades previas no se adaptan a tu nueva situación, no... ¡desaparecen! El paso interdimensional tiene la facultad de convertir a los sumisos en seres indefensos y desvalidos, incapaces de hacer nada sin la guía y dirección de un Amo/Tutor. ¡Es aterrador!

   En los Dominantes, sin embargo, tiene el efecto contrario, ¡potencia la actividad neuronal! Los convierte en algún tipo de superDom. Al traspasar el portal, da igual como fueran en su contexto vainilla, ahora son fantásticos. Tienen la capacidad de comprender y guiar a los sumisos. Poseen un entendimiento de la psicología humana que para sí quisieran los psiquiatras. Por suerte, desde su altura, pueden permitirse tratar con condescendencia a los que deben aprender de ellos. No importa el desastre que pudieran ser antes, ahora empatizan, comprenden, son pacientes, conocen la historia y fundamentos del BDSM, manejan las prácticas. ¡Qué suerte tienen!

   No tengo muy claro aún, si el portal es bidireccional. Una vez atravesado, ¿hay vuelta atrás? ¿Se puede volver a recuperar el sentido común? Habrá que estudiar más al respecto. Leo a los que han cruzado el umbral hablar sobre relaciones más profundas, más sufrimiento, más entrega... y me quedo a cuadros... Lo cierto es que a mi el BDSM nunca me ha parecido tan distinto al mundo vainilla, lo veo simplemente como otro medio de expresión y comunicación entre personas. Debe ser que yo entré por la puerta de servicio.

sábado, 3 de diciembre de 2016

LA DISCIPLINA DEL PLACER

  Hace tiempo leí una explicación sobre la disciplina que me encantó. Venía a decir que era lo que marcaba la diferencia entre la consecución de los deseos a largo plazo y la satisfacción de los deseos inmediatos. Quiero comerme una tarta ahora pero quiero bajar de peso; quiero salir de cañas pero quiero aprobar unas oposiciones. Los deseos inmediatos son la tarta y salir con los amigos; los deseos a largo plazo son bajar de peso y aprobar. La disciplina es lo que nos hace mantenernos constantes en la dieta y el estudio y no sucumbir a la satisfacción momentánea. ¿Y qué tiene que ver esto con el BDSM, se preguntarán? Absolutamente todo.

   He leído en varias ocasiones que en BDSM sólo hay que hacer aquello que reporta placer y/o excitación. Es un modo de verlo y vivirlo, sin duda. Pero como todas las afirmaciones lapidarias peca de no poder aplicarse al 100% de las situaciones. Es una máxima estupenda si te dedicas exclusivamente a sesiones sin una mayor implicación; de hecho me parece lo ideal y recomendable. Pero hay muchas personas que viven el BDSM, y especialmente la Ds, desde una perspectiva más amplia. Esto conlleva que existan objetivos a largo plazo y, ¿qué se necesita para lograr estos objetivos? ¡Efectivamente, disciplina!

   Ahora bien, la disciplina va ligada a la paciencia, la constancia y el esfuerzo. A renunciar a la satisfacción inmediata y a cosas que nos gustan en aras de algo que deseamos aún más. Es un ejercicio de fuerza de voluntad en ocasiones difícil y hasta desagradable. Es necesario tener presente el objetivo final y confiar en nuestra capacidad de alcanzarlo. Implica cierto acto de fe en nuestras propias capacidades. Por tanto la disciplina en BDSM contradice la máxima de hacer sólo "aquello que produce placer y/o excitación sexual".

   El ejemplo más claro lo tenemos en la superación de los límites (sobra decir que me refiero a los límites blandos, los absolutos son intocables). Para ello es necesario salir de nuestra zona de confort y adentrarnos en algo que no nos produce placer ni excitación sino rechazo o incluso miedo. ¿Por qué lo hacemos? Porque el objetivo final si es placentero aunque los actos que nos conducirán hasta él no lo sean. Y no sólo ocurre con los límites. Imaginemos a alguien enamorado de las cuerdas y su arte. Antes de realizar esa suspensión invertida que vio y le fascinó, antes de alcanzar su objetivo de ser considerado un maestro de shibari, habrá pasado horas repitiendo tediosamente las figuras básicas y habrá dedicado su tiempo al estudio de la anatomía para saber como no dañar la inervación. Tiempo de estudio que habrá robado a satisfacciones inmediatas con la vista puesta en la consecución de su objetivo final.

   Podría poner más ejemplos pero a buen entendedor pocas palabras bastan y quien no quiera verlo de nada valdrá que le ponga cientos de ellos. Para mi es claro que el BDSM incluye actos no placenteros e incluso directamente desagradables, que aceptamos porque esperamos que nos reporten un bien mayor. Es algo común en nuestro día a día; planchamos la ropa aunque no apetezca porque nos gusta ir sin arrugas; soportamos el dolor de los tacones porque nos vemos más guapas; controlamos lo que comemos porque comer solo lo que apetezca afectaría a nuestra salud... Algunas acciones requieren una gran fuerza de voluntad, mucha disciplina; otras menos, pero todas necesitan alguna. Y en el BDSM ocurre igual.

   Se dice que el Amo enseña disciplina a su sumiso (indispensable que el Amo sea disciplinado, dicho sea de paso). Un sumiso que sólo hace lo que le reporta placer y/o excitación, es decir, satisfacción momentánea, ¿puede adquirir disciplina? Desde mi punto de vista no, pues le falta esa visión a largo plazo, el esfuerzo y la constancia. Cada vez más a menudo me siento extraña entre el gran colectivo. Yo hago también  (y recalco, "también") cosas que no me gustan o no disfruto en el momento. Será que siempre me ha gustado tener un ojo en el futuro.

lunes, 14 de noviembre de 2016

DOMINACIÓN SOMETIDA

   Puede que sea porque desde que descubrí el BDSM hasta ahora los términos han evolucionado. Quizás sea una cuestión de matices que se me escapan o, más sencillo aún, puede que sea que, como no soy Dominante, no termino de entender el rol. El caso es que en alguna de esas ocasiones en las que la cabeza se pone a desvariar sobre lo humano y lo divino me he cuestionado, "¿cuál es la característica inherente e imprescindible en un Dom?" Y la respuesta fue: "¡Que sea dominante!"

   "Obvio", pensarán ustedes. "Obvio", pensé yo... hasta que analizando textos, posts y consultas que encontraba por Internet vi que no era tan obvio como se suponía...

   Soy muy partidaria de los foros y grupos de discusión. Creo que las plataformas que permiten compartir experiencias y opiniones pueden resultar muy útiles  (según se usen, pero esa es ya otra historia). Por simple que parezca una pregunta creo que es mejor hacerla que quedarse con la duda y cometer algún error irreparable. Sin embargo, y aunque pueda sonar contradictorio, si hay preguntas que me dejan anonadada cuando provienen de un supuesto Dominante, porque van contra la característica principal de su rol, dominar.

  Son preguntas del tipo "¿un Dom puede tener sexo en una sesión?"; "¿un Dom puede hacerle la cena a su sumi?"; "¿un Dom puede ser cariñoso?"... Cuando leo este tipo de cuestiones siempre me pregunto: ¿No se supone que eres Dominante? ¿De verdad estás pidiendo permiso o cuanto menos la aprobación de desconocidos para hacer con tu sumi lo que te pide el cuerpo? ¿Si quieres darle tú un masaje a tu sumi necesitas que te autoricen? ¿Quién es el sumiso aquí?

   Los protocolos y las tradiciones pueden servir de guía siempre que se disfrute de ellos (voy a repetir: siempre que se disfrute de ellos), pero no como una obligación que encorsete la relación y no te deje expresarte y ser tu mismo. No puedo entender que alguien que se denomine Dominante se someta a buscar el aplauso de desconocidos. Que supedite su felicidad a normas arbitrarias basadas en gustos ajenos. Una cosa son los temas objetivos de seguridad y salud, que puedan ser incuestionables, y otra muy distinta la subjetividad de los gustos y sentimientos. En la intimidad de su relación, ¿por qué el "Dominante" se deja dominar por lo que dicen otros? ¿Por qué hay más interés en aparentar que en ser? ¿En figurar que en vivir? No lo entiendo, sinceramente. A mi me atraen los Dominantes que dominan, soy así de tiquismiquis. Un Dom que tenga que pedir permiso a la comunidad para actuar (hablamos siempre dentro del consabido sentido común, seguridad, consenso... ) me da una imagen confusa de su rol.

   El día que los dioses entregaron los mandamientos del BDSM esculpidos en piedra debió pillarme en brazos de Morfeo y no me enteré; por eso creo en el libre albedrío de los sentimientos. Para mi la ecuación era simple. El Dominante domina; el sumiso se somete. Pero resulta que hay Dominantes que se someten a que otros les digan cómo actuar, cómo pensar, qué corriente es la correcta, dónde ir, con quién hablar... ufff... ¡Qué agotador! Pero bueno, no me hagan mucho caso... yo solo soy una sumisa neurótica que no entiende el rol Dominante.